La hora del muelle.

02.09.2025


La hora del muelle no tiene una hora pactada por nadie: es un evento natural e inexplicable que sucede en el Delta. Es esa conexión invisible que tiene el hombre con el río, ese momento que transcurre entre mate y mate. Porque el río habla y el muelle también; este último lo hace con sus maderas, que pueden quejarse a cada paso o dejarse acariciar por la correntada.

No, no existe el silencio en este lugar, porque las aguas murmuran, el viento avisa, los árboles hablan y los peces festejan con algún salto en las plateadas aguas. En el muelle no es raro encontrarse con uno mismo reflejado en el río, o quizás en el recuerdo de otro tiempo u otra vida. Es el lugar mágico donde el tiempo parece detenerse y donde los navegantes desconocidos levantan la mano, entendiendo que el muelle y el río son casi lo mismo.

Tal vez sea el diván de los isleños; tal vez alguien escuche lo que no se dice, pero sí se piensa.

En mi muelle, a veces aparece la nostalgia que brota del recuerdo, del arroyo y de las viejas maderas. Es justo ahí, en esa fusión del día que se va y la noche que llega, donde todo parece posible. Es el momento de las pavas del monte, las gallinetas y también del algún zorzal. Y, si presto atención, me parece escuchar el silbido de mi viejo, que siempre a esta hora probaba su suerte con el anzuelo y salía a recorrer los chicotes con su piragua.

Sí, los muelles son mágicos y casi siempre están llenos de lindos recuerdos. 


                    "Javier Alejandro Guirin"


Fotos: Mariana Chiampan- Mati Carri- Qukina Qukina- Cecilia Coronel - Luu Blanco.