Capitulo 3: La explicación

30.09.2025


Víctor abre la puerta de su casa intentando no hacer ruido, no quiere que Laura lo vea así. Pasa por su cuarto, toma ropa limpia y se da una ducha rápida. No puede dejar de pensar; la imagen sigue ahí, intacta, como si el cadáver estuviera aún frente a él.

Está preocupado, sabe que su situación no debe ser muy clara para el comisario. ¿Cómo explicarle que solo fue en busca de una embarcación que venía a la deriva? ¿Él es sospechoso? ¿Tiene que llamar a un abogado? Piensa en Mariano, su hijo, que es abogado, pero intenta desechar esa idea. Antes tiene que hablar con Laura y luego con el comisario, para saber en qué situación se encuentra.

«¿Quién puede haber matado a ese pobre hombre? ¿Por qué? ¿Habrá sido un suicidio? ¡Pero no había ningún arma! Por lo menos no a la vista. Además, esa herida no correspondía a un suicidio». Trata de desechar todos esos pensamientos y encontrar los que corresponden a una explicación que no preocupe demasiado a su esposa. ¿Qué puede decirle? No lo sabe, pero no puede demorarse más.

Ingresa a la pequeña cocina; Laura tiene el celular como si estuviera hablando con alguien, su cara es de preocupación hasta que lo ve entrar y, entonces, sus facciones parecen relajarse.

― ¿Dónde estabas? Te estuve llamando. ¿Por qué no atendías? ¡Hay un hombre en el muelle! ¡No sé quién es! ―exclama Laura. Víctor la abraza, necesita que ella se tranquilice.

―Laura, no pasó nada. Realmente no sé dónde dejé mí celular, por eso no atendí tu llamada. Ese hombre que está en el muelle es Ortiz ―le explica Víctor.

― ¿El comisario? ¿Qué hace acá? ¿Qué pasó?

Él la invita a sentarse con un gesto y ella le obedece. Víctor le hace un resumen tratando de no preocuparla demasiado, tanto que omite mencionar el cadáver.

― ¿No viajaste por ir a buscar una canoa que venía flotando por el medio del rio? ―Ella sabe que hay algo que su esposo no le está diciendo.

―Hay una persona desaparecida, eso fue lo único que el comisario me mencionó, Laura.

El sonido de una sirena acercándose le recuerda a Ramírez que Ortiz aún lo aguarda en el muelle.

―Voy a hablar con el comisario, le preguntaré si necesita que declare algo al respecto y cualquier inconveniente te aviso, amor. Pero antes tendré que recuperar mi celular, que probablemente se haya caído en el interior de nuestro bote. ―Mientras le dice esto a su mujer, Víctor termina de salir de su casa.

Afuera ya no llueve, pero el mal tiempo persiste y ahora definitivamente el viento es sur. En el muelle hay mucho movimiento; un policía habla con Ortiz y un barco de Prefectura efectúa las últimas maniobras mientras un efectivo lo amarra al muelle.

Ramírez camina despacio en un intento de que el comisario termine de hablar primero con el oficial de policía y luego con un integrante de prefectura. Ortiz gesticula, señala el bote y un papel que tiene en su mano; todo eso parece tener cierto efecto porque el prefecto le ordena a otro efectivo, que se encuentra revisando tanto la canoa como el bote, que abandone lo que está haciendo porque la Policía se hará cargo. Pero antes de culminar con la tarea en ambas embarcaciones, el efectivo recoge un elemento y Víctor se percata que se trata de su celular.

― ¡Eso es mío! ―le dice al comisario, señalando lo que el personal de Prefectura halló en su bote.

Ortiz asiente con la cabeza y se dirige nuevamente al prefecto, que ya se encuentra arriba del barco de Prefectura.

―Muñoz, necesito un último favor ―dice Ortiz.

El hombre sonríe y asiente con la cabeza, luego le ordena al efectivo que le entregue el teléfono móvil al comisario. No existe otro diálogo; encienden el motor de la embarcación y la Prefectura abandona el lugar. 


Capitulo 3

Libro: El Delta codiciado

Javier Alejandro Guirin